Diskurtsoak aztertuz, ba al dakigu zer diren pribilegio maskulinoak? Pertzepzioak, posizionamenduak eta kontzientzia hartzeko zailtasunak
Exploring discourses, do we know what male privileges are? Perceptions, positionings and challenges to raising awareness
Maite Amorena Subiza*
Universidad Pública de Navarra/Nafarroako Unibertsitate Publikoa (UPNA)
Resumen: Este trabajo busca analizar la percepción de la desigualdad de género en personas jóvenes, atendiendo al discurso y experiencia en torno a privilegios vinculados con la estructura patriarcal en el caso de los varones. A través de una metodología cualitativa se ha explorado analíticamente la percepción de las desigualdades y privilegios en la cotidianidad de las personas que participan y su compromiso por la igualdad. Con ello, ha sido posible señalar diferentes posicionamientos que los varones adoptan frente a las desigualdades y los privilegios. El análisis muestra que la población joven reconoce e identifica desigualdades en diferentes ámbitos, más fácilmente, que las ventajas o privilegios que derivan de su posición social. También permite observar que pese a contradicciones y ambivalencias que surgen, los hombres jóvenes se posicionan frente a las desigualdades desde posturas contrarias a mantener las estructuras o valores del patriarcado.
Palabras clave: desigualdades de género, ventajas masculinas, privilegios masculinos, poder, patriarcado.
Laburpena: Lan honen helburua gazteen genero-desberdintasunaren pertzepzioa aztertzea da, gizonen kasuan egitura patriarkalarekin lotutako pribilegioei buruzko diskurtsoa eta esperientzia kontuan hartuta. Metodologia kualitatibo baten bidez, parte hartzen duten pertsonen egunerokotasunean dauden desberdintasun eta pribilegioen pertzepzioa eta berdintasunaren aldeko konpromisoa analitikoki aztertu dira, eta gizonek desberdintasunen eta pribilegioen aurrean hartzen dituzten posizionamenduak adierazi dira. Azterketak erakusten duenez, gazteek errazago antzeman eta identifikatzen dituzte desberdintasunak hainbat eremutan, beren gizarte-posizioaren ondoriozko abantailak edo pribilegioak baino. Era berean, ikusten da, uzkurdurak eta anbibalentziak sortzen diren arren, gizon gazteak desberdintasunen aurrean jartzen direla patriarkatuaren egiturei edo balioei eustearen aurkako jarreretatik.
Gako-hitzak: genero-desberdintasunak, abantaila maskulinoak, pribilegio maskulinoak, boterea, patriarkatua.
Abstract: The research analyzes the perception of gender inequality in young people, focusing on the discourse and experience of privileges linked to the patriarchal structure in the case of men. Through a qualitative methodology, the perception of inequalities and privileges in the daily life of the participants and their commitment to equality has been explored analytically, pointing out different positions that men adopt in the face of inequalities and privileges. The analysis shows that young men reflect on or question the gender inequality, more easily than the advantageous social position of men. Even though contradiction and ambivalences that appear, it is observed that the positions of young men of gender inequality are contrary to maintaining patriarchal structures or values.
Keywords: gender gap, male advantages, male right, power, patriarchy.
* Correspondencia a/Correspondence to: Maite Amorena Subiza. Universidad Pública de Navarra/Nafarroako Unibertsitate Publikoa (UPNA) – maite.amorena@unavarra.es – https://orcid.org/0009-0000-8816-3493
Cómo citar/How to cite: Amorena Subiza, Maite (2026). «Explorando discursos, ¿sabemos qué son los privilegios masculinos? Percepciones, posicionamientos y dificultades para la toma de consciencia»; Inguruak, 78, 82-104. (https://doi.org/10.18543/inguruak.287).
Recibido/Received: 27 de noviembre, 2025; Versión final/Final version: 21 de mayo, 2026.
ISSN 0214-7912 / © UPV/EHU Press
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Los movimientos feministas han generado cambios importantes en relación con reducir las desigualdades que separan a mujeres y hombres. Sin embargo, las mujeres siguen siendo objeto de profundas y considerables desigualdades en diferentes ámbitos. En el ámbito laboral, las mujeres se encuentran en una clara situación de desventaja debido a que la división sexual de los espacios las ha excluido del ámbito del trabajo remunerado. Así, en 2024 la tasa de paro femenina es de 11,83% respecto a la masculina que es de 9,53%, existiendo una brecha de 2,31 puntos (Instituto de las Mujeres, 2025). Otro ámbito que refleja el mantenimiento de las desigualdades de género es la pobreza, una realidad marcadamente feminizada. En 2024 la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social se sitúa en 26,9%, 1,6 puntos superior a la de los hombres (Instituto de las Mujeres, 2025).
A pesar de la persistencia de las desigualdades que evidencian los datos, investigaciones recientes relativas a las percepciones sociales predominantes sobre estas desigualdades apuntan a cuestiones importantes. El 67,2% de las mujeres encuestadas califica de muy grandes o bastante grandes las desigualdades que existen entre hombres y mujeres, frente al 48,2% de los hombres, quienes con un 18,6% valoran como casi inexistentes (Centro de investigaciones sociológicas, 2024). Resulta preocupante que estos datos se polaricen entre la población más joven, donde un 63% de mujeres valoran como «grandes o muy grandes», las desigualdades, frente al 33% de los hombres (Sanmartín et al., 2024, p. 89).
Los datos anteriores muestran que hombres y mujeres perciben y valoran de distinta forma las desigualdades, algo que, en las personas jóvenes, se ha interpretado como un incremento considerable en los últimos años de un alineamiento con posturas derrotistas, negacionistas, minimizadoras o banalizadoras de la violencia de género (Sanmartín et al., 2024). Este aumento de posturas negacionistas unido al limitado impacto que los cambios han tenido en modificar la posición social de desigualdad que ocupan las mujeres en sociedad, plantean nuevos retos para los movimientos feministas y el trabajo en materia de igualdad.
En este contexto, la investigación feminista está incorporando nuevos objetos de estudio que ponen el acento en los hombres, sus percepciones y su rol en el avance hacia la igualdad de género. Concretamente, los enfoques del poder y de los privilegios masculinos permiten «visibilizar las cuestiones de la persistente desigualdad y la dominación masculina, la construcción y percepción interpersonal del comportamiento machista y desigualitario y los costes de todo ello para las mujeres» (Bonino, 2022, p. 85). Este trabajo se ubica dentro de esta corriente, y pretende explorar los discursos que tienen los y las jóvenes respecto de su posición frente a los privilegios que disfruta la población masculina.
Con el fin de acercase a estos discursos, el objetivo general de este estudio es explorar la conciencia respecto a las desigualdades de género que sufren las mujeres jóvenes y los privilegios que disfrutan los hombres. Para ello, se definen los siguientes objetivos específicos: el primero, indagar en la capacidad para reconocer e identificar los privilegios que disfrutan los hombres jóvenes en el contexto actual. El segundo, explorar los diferentes posicionamientos de varones jóvenes simpatizantes con valores igualitarios respecto de las desigualdades de género. Dichos objetivos se abordarán a través de sujetos de estudio conformados por hombres y mujeres jóvenes de Navarra, que a priori se autodefinen como simpatizantes de la igualdad de género. Mujeres con formación o militancia feminista y hombres activistas en movimientos sociales o de organizaciones políticas vinculadas a ideologías de izquierdas. La hipótesis que acompaña a estos objetivos es la siguiente: actualmente la población joven, tanto mujeres como hombres, son capaces de identificar las desigualdades con facilidad y de una forma amplia, a pesar de lo cual existen dificultades para interpretar estas desigualdades en clave de privilegios masculinos. Esto puede generar contradicciones entre los discursos favorables a la igualdad de género que sostienen y las prácticas o posicionamientos que adoptan.
Los movimientos sociales impulsados por minorías desprovistas de poder —como históricamente lo han sido las mujeres— pueden provocar un efecto de conversión, es decir, un cambio profundo y silencioso en las actitudes de la mayoría (Moscovici, 1981). También suelen generar malestares y resistencias que se manifiestan en formas como la negación, la burla o el rechazo. Desde este punto de vista, la reacción y la resistencia son respuestas inevitables al cambio social. Por tanto, la igualdad de género y los feminismos van a tener que enfrentarse a estas, dado el desafío que plantean a la estabilidad política y las relaciones de poder (Flood et al., 2020).
Un ejemplo reciente de esa reacción es el hashtag #notallmen, que muchos hombres han utilizado en las redes sociales a raíz del conocido caso de Gisele Pelicot. Este hashtag muestra incomodidad por parte de la población masculina y las dificultades que muchos hombres presentan para hacer un ejercicio de autocrítica y asumir responsabilidad respecto a la violencia contra las mujeres. También niega «la existencia de un problema, no lo resuelve. Cada vez que un hombre usa el hashtag #NotAllMen para eximirse de responsabilidad, alimenta la cultura del silencio y la inacción. (Pacho, 2024).
La reacción y resistencia antifeminista suponen, por tanto, un nuevo reto, que se observa entre la población joven. Un reciente estudio realizado por el Centro Reina Sofía subraya la relevancia del «aumento, tanto entre mujeres como en hombres, de las posiciones relativizadoras o negacionistas que, aunque sigan siendo superiores entre los hombres habrían aumentado más entre las mujeres» (2023, p. 17). Este trabajo también señala otros datos preocupantes, como que el 23% de los varones piense que la violencia de género es un invento ideológico.
Esto muestra, en definitiva, un periodo en el que conviven avances en igualdad de género con actitudes ambivalentes y contradicciones respecto a esta cuestión. En este contexto, resulta relevante identificar los distintos mecanismos sobre los que operan las sociedades patriarcales, más allá de las formas más explícitas de hostilidad.
El sistema sexo/género (Rubin, 1996), una de las bases de la desigualdad social, «sostiene una relación desigual de poder entre mujeres y hombres» (Aguilar García, 2008, p. 4). Este sistema no remite únicamente a diferencias biológicas, sino al conjunto de mecanismos sociales, culturales y simbólicos que organizan jerárquicamente las categorías de «hombre» y «mujer». Estas categorías son socialmente presentadas como estables, naturales y dicotómicas, legitimando así la organización social a través de roles, estereotipos y relaciones de poder que producen desigualdad social. Sobre esta base se configura el sistema social de dominación conocido como patriarcado, definido como, «el conjunto de relaciones y compromisos estructurados de acuerdo con el poder, en virtud de los cuales un grupo de personas queda bajo el control de otro grupo» (Marugán Pintos, 2020, p. 205). En este sistema, los hombres ocupan una posición estructural de dominio y privilegio, y las mujeres quedan relegadas a una posición de subordinada (más allá de los necesarios matices derivados de la interseccionalidad con otras categorías como la raza, clase, etc.).
El sistema sexo-género se sostiene sobre una opresión y subordinación «profunda y poderosamente arraigada en leyes, hábitos, costumbres e instituciones» (Cagigas, 2000). Sin embargo, no todas las sociedades responden de la misma manera ni con la misma intensidad a lo que se entiende como patriarcado. En la actualidad hay gobiernos cuyas legislaciones «continúan siendo sancionadoras para las mujeres y claramente desiguales» (Ranea, 2021, p. 10) reflejando la permanencia de un patriarcado de coerción con claros rasgos de discriminación hostil explícita (Puleo, 2005). Estos modelos mantienen normas muy rígidas respecto a cómo tiene que ser y actuar una mujer y un hombre, y no cumplir con ellas trae consecuencias, que en el caso más extremo puede ser la muerte. Mientras, países como España se caracterizan por lo que se conoce como patriarcados de consentimiento (Puleo, 2005), donde la igualdad formal y legislativa es reconocida, pero el patriarcado sigue reproduciéndose a través del consentimiento de las personas sin llevar a cabo prácticas de coacción explícitas (Ranea, 2021).
Es precisamente en sociedades que han pasado de patriarcados de coerción a modelos de consentimiento donde surgen percepciones negacionistas, ante el convencimiento de que los modelos de discriminación ya han sido superados. Por ejemplo, en España, aunque los permisos de paternidad y maternidad se han equiparado, el imaginario social hace que en situaciones donde existen dificultades de conciliación, siguen siendo las mujeres quienes manifiestan una mayor predisposición a adaptar su vida laboral a las necesidades del menor (Abril et al., 2015, p. 1).
Más allá de los marcos normativos, el patriarcado ejerce su dominación también mediante el proceso de construcción de las identidades masculina y femenina, en relación con las otras personas y con una misma. Estas se construyen de «una forma compleja y negociada, que varía en relación estructural con el control material del mundo» (Hernando, 2015, p. 86). Así, la identidad femenina «estructura lo relacional como ser para otros, proceso en el que se debilita la autonomía y con ella las necesidades y deseos propios, que tienden a subordinarse a necesidades y deseos de otras personas» (Amigot, 2022, p. 5). Por otro lado, la identidad masculina se asocia a una identidad que se desarrolla en sociedades donde hay una mayor especialización funcional, mayor control de los recursos, y los fenómenos empiezan a ser explicados a través de la razón, la escritura y la ciencia. Se trata de una identidad «centrada en el yo, es decir, individualizada» (Hernando, 2015, p. 82), distanciada de la emoción y vinculada al poder, un poder «que toma forma a través de actitudes, comportamientos, formas de relacionarse que contribuyen a sostener y reafirmar los privilegios masculinos» (Ranea, 2021, p. 21). Ambas identidades no devienen de ningún destino biológico, psíquico o económico. En palabras de Beauvoir (1987) es el conjunto de la civilización el que elabora este producto intermedio entre el macho y el castrado al que califica de femenino. Por tanto, la opresión y la subordinación femenina, al igual que los privilegios masculinos, se enmarca en un marco amplio y complejo de estructura social. Las personas se insertan de forma diferente en una red de relaciones en cuyo seno construyen su identidad a través de mensajes, expectativas y reconocimiento social vinculadas a cómo socialmente son vistas, percibidas y tratadas como mujeres o como hombres.
Esta investigación aborda el concepto de privilegio desde diferentes niveles complementarios. Por un lado, se entiende como aquellos beneficios, ventajas y comodidades que la sociedad patriarcal les adjudica a los hombres derivados del lugar social que estos ocupan (Bonino, 2022). Y, por otro lado, como «dividendo patriarcal» las ventajas que obtienen los hombres, resultado de la subordinación de las mujeres (Connell, 1997; Valdés y Olavarría, 1997). Desde una perspectiva que busque combatirlos, se distingue entre los privilegios no ganados que forman parte de valor social que se les otorga a los hombres por el hecho de serlo (Lozoya, 2016), por ejemplo, cubrir puestos de mayor responsabilidad y mejor remunerados. Así mismo los de dominio consentido hacen referencia a la potestad y legitimidad que permite a muchos varones ejercer poder: imponerse, desacreditar a las mujeres, consentir chistes machistas, etc.
Los privilegios responden a beneficios que el sistema de dominación, el patriarcado, concede a aquellos en posición de dominantes, los hombres, en contraposición a las desigualdades que sufren las mujeres. Estos aparecen en los diferentes ámbitos de la vida de los hombres, en el hogar, «los hombres reconocen que siempre los han cuidado más de lo que ellos han cuidado» (Lozoya, 2016, p. 1). Y en el uso del tiempo, debido a la menor asunción de las tareas de trabajo doméstico. Se han dado cambios, pero, aunque «la cocina y las compras son tareas que ya compartimos, […], parece ser que seguimos sin realizar tareas demasiado desagradables como limpiar el baño» (Azpiazu, 2017, p. 67). También se pueden señalar ventajas en las relaciones sexuales (Encinas, 2025) o en la experimentación de la sexualidad, concediendo ventajas a los varones para «apropiarse del cuerpo de las mujeres en condiciones de acceso inmediato» (Sanfénix y Tellez, 2021 p. 18).
Desde una mirada complementaria, el estudio de los privilegios derivados de la alianza entre patriarcado y capitalismo ha contribuido a entender cómo la división sexual del trabajo limita la empleabilidad de las mujeres y facilita el acceso a ellos, permitiendo mayores sueldos, más estabilidad laboral, facilidades de promoción … (Elizalde-San Miguel, 2019; Tobío, 2016; Cebrián y Moreno, 2018).
Finalmente, los hombres también gozan de privilegios en la vida social, ocupando y participando en el espacio público. Su predominio en puestos de toma de decisiones: movimientos sociales, partidos políticos o instituciones, asegura que los intereses masculinos siempre estén por encima de los de las mujeres.
Es evidente que el sistema de organización social concede ventajas a los hombres por su posición social. A de pesar la complejidad que supone entender e interpretar estos privilegios, diferentes investigaciones reconocen que «encontrar formas de localizar y reconocer discursivamente los privilegios del sistema se convierte en una tarea fundamental, tanto de carácter sociológico, como de transformación social» (Sanfélix y Téllez, 2021, p. 7) y en esta línea se ubica este artículo.
La revisión de la literatura sobre masculinidades permite observar que existen dos posiciones en las que se agrupan a los varones en función de su posicionamiento respecto a las desigualdades y la igualdad de género. En primer lugar, se encuentran aquellos hombres que mantienen discursos androcéntricos y machistas y se resisten a cambios que favorecen la igualdad. Y, en segundo lugar, se identifican hombres favorables a la igualdad, aunque con diferentes niveles de compromiso y ciertas contradicciones entre los discursos y las prácticas, lo que demuestra la existencia de un discurso políticamente correcto que no se traduce en prácticas igualitarias.
Las tipologías de clasificación se presentan en dos grandes propuestas teóricas. La primera, elaborada por Luis Bonino (1999), distingue entre posiciones pro-patriarcales, asociadas al primer grupo, y favorables al cambio, vinculadas al segundo. La segunda, adoptada como marco principal de este trabajo, corresponde a una clasificación más reciente de García y De la Cruz (2022), que diferencia entre masculinidades hegemónicas y emergentes, equivalentes a las dos posiciones descritas previamente.
La clasificación propuesta por García y de la Cruz (2022) además de distinguir entre dos grandes posicionamientos, los desarrolla detalladamente. En particular, el segundo se desglosa en distintas subcategorías que permiten analizar los diferentes niveles de compromiso y las construcciones previamente mencionadas. Esta clasificación se detalla en la tabla 1, que al mismo tiempo permite clarificar las categorías analíticas utilizadas en este trabajo.
Tabla 1. Clasificación de los diferentes posicionamientos de los hombres frente a las desigualdades
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Posicionamientos principales |
Categorías conceptuales |
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1. Masculinidades hegemónicas |
1.1 Pro-patriarcales explícitos 1.2 Pro-patriarcales implícitos |
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2. Masculinidades y emergentes |
2.1 Hombres centrados exclusivamente en liberarse de los costes de la masculinidad hegemónica 2.2 Masculinidades a remolque 2.3 Masculinidades camaleónicas 2.4 Masculinidades engañosas o pseudoigualitaria 2.5 Masculinidades paternalistas en transición hacia a la igualdad 2.6 Nuevas masculinidades victimistas 2.7 Nuevas masculinidades estéticas |
Fuente: elaboración propia a partir de García y de la Cruz (2022).
Entre los primeros se incluyen quienes apoyan actitudes tradicionales de forma explícita y también quienes de forma implícita colaboran y apoyan en el mantenimiento del modelo de masculinidad hegemónica. Aquellos identificados como «masculinidades emergentes», por su parte, se caracterizan por ser hombres que transitan hacia el feminismo, pero que en el «intento, siguen reproduciendo inconscientemente muchos de los patrones de la masculinidad tradicional o siguen arrojando sobre las mujeres la responsabilidad de su propio cambio» (García y De la Cruz, 2022, p. 39).
Dentro de esta clasificación de actitudes prevalentes entre los hombres, cabe señalar que también entre los que se muestran favorables al feminismo y transitan hacia él, se observan matices. Concretamente en la forma que ponen en práctica su compromiso igualitario, existiendo categorías conceptuales que permiten profundizar en la interpretación de actitudes ambivalentes frente a las desigualdades de género. Así, existen hombres centrados en el crecimiento personal, hombres que, si bien afirman querer librarse de los costes de la masculinidad hegemónica, lo hacen de forma egoísta sin querer perder sus privilegios. También se encuentran hombres favorables al cambio, pero que buscan el apoyo, reconocimiento y ayuda de las mujeres para cambiar, una posición denominada «masculinidades a remolque o tuteladas». Hay otras masculinidades denominadas «camaleónicas» etiqueta que agrupa a hombres que «pueden actuar como feministas proactivos en unos grupos y machistas incontrolados en otros con el fin de conseguir en todo momento el reconocimiento de la otredad» (García y De la Cruz, 2022, p. 40). Estos se diferencian de aquellos que responden a masculinidades engañosas, en tanto que estos últimos son hombres que conocen el feminismo y no se resisten a él, incluso realizan denuncias rechazando actitudes machistas. Pero mantienen los privilegios no ganados y no cuestionan las raíces de la subordinación femenina. Hay también hombres paternalistas, que «si bien están haciendo un esfuerzo por cambiar en acciones cotidianas, fundamentalmente en el terreno de la corresponsabilidad, no cuestionan la raíz del orden jerárquico desde un posicionamiento crítico y autocrítico» (García y De la Cruz, 2022, p. 40). Existen aquellos que adoptan un rol victimista en relación con los costes que tiene el patriciado para ellos. Y finalmente, las masculinidades estéticas que limitan su evolución a una mayor libertad estética, uso de cosméticos y autocuidado, sin espacio a crítica sobre las desigualdades.
En definitiva, en los últimos años se ha avanzado mucho en la interpretación conceptual del posicionamiento de los hombres ante los avances del feminismo, configurando un corpus teórico conceptual de gran relevancia para entender y explorar los discursos de la población joven como los que se analizan en este trabajo.
El acercamiento a los discursos existentes entre la población joven respecto a las desigualdades de género se ha llevado a cabo a través de un enfoque cualitativo que ha permitido entender la temática «a través de las interpretaciones de los participantes en la investigación respecto a sus propias realidades» (Hernández Sampieri, 2014, p. 9).
El estudio se centra en la percepción y conciencia de los hombres jóvenes respecto a sus privilegios, incorporando para ello las vivencias de desigualdades manifestadas por mujeres jóvenes. El enfoque cualitativo ha seguido un proceso analítico circular, que «obliga al investigador a reflexionar permanentemente sobre el proceso entero de investigación» (Flick, 2004, p. 58) y permite «desarrollar preguntas e hipótesis antes, durante y después de la recolección y el análisis de datos» (Hernández Sampieri, 2014, p. 7). Así, aunque el trabajo de campo no derivó en la formulación de nuevas hipótesis, la lógica deductivo-inductiva ha permitido adaptar los guiones y las categorías analíticas a las realidades observadas en él.
El estudio se plantea desde la epistemología feminista, dado que se considera necesario contar con las experiencias en desigualdad de las mujeres jóvenes para entender el objeto del estudio. Asimismo, responde al propósito de la investigación no sexista, «por una parte, al cuestionar la naturalización de la diferencia sexual; por otra, a poner de manifiesto la jerarquía, las relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres» (Diaz y Dema, 2013, p. 69).
Se han desarrollado tres grupos de discusión, con una duración aproximada de una hora y media cada uno, para la recogida de información. En su desarrollo se han tenido en cuenta diferentes consideraciones éticas relacionadas con la confidencialidad, privacidad y la generación de un clima de confianza. En relación con la confidencialidad todas las personas participantes firmaron un consentimiento informado en que se explicaban los objetivos del estudio y los usos de la información recogida. Asimismo, las identidades han sido anonimizadas durante el proceso de análisis y la presentación de resultados. La privacidad y el bienestar de las personas han constituido un elemento central en el trabajo de campo, dado que la temática implicaba la revisión y cuestionamiento de prácticas propias. Por ello, las condiciones espaciales han sido cuidadas, desarrollándose los grupos en espacios tranquilos, accesibles, cercanos, frecuentes para la gente joven y libre de interrupciones. Finalmente, con previa autorización de las personas participantes a través de un grupo creado en una red social, se realizó una breve devolución agradeciendo la participación y facilitando el contacto con la persona investigadora.
Respecto a la técnica de recogida de información, se seleccionaron los grupos de discusión ya que permiten acceder a esquemas compartidos de significado social (Aliaga, Basulto y Cabrera, 2012). Y, además, recoger los significados socialmente compartidos entre la población joven de la muestra respecto a las desigualdades de género y los privilegios masculinos, cuestiones controvertidas, que, por su naturaleza, resultan especialmente adecuadas para ser exploradas mediante dinámicas grupales. Los grupos se han realizado secuencialmente: uno solo de mujeres, otro de mujeres y hombres y otro solo de hombres. La decisión respecto a la composición de los grupos responde a la intencionalidad de la persona investigadora de que los grupos homogéneos fuesen lugares donde las personas que participaban estuvieran cómodas, compartiesen opiniones y profundizasen respecto a los temas. Y con el mixto, que se compartiesen visiones y opiniones diferentes que favoreciesen la reflexión.
Cada uno de los grupos siguió un guion estructurado con dimensiones analíticas diferentes e intencionales. Todos ellos exploraron el grado de consciencia de mujeres y hombres jóvenes respecto a la influencia del sistema patriarcal en la distribución de poder entre ambos sexos. En el de mujeres se exploraron otras dos dimensiones: a) la identificación y la percepción de las desigualdades de género por ámbitos y b) la identificación y la opinión de las mujeres jóvenes sobre los privilegios masculinos. El grupo mixto pretendía favorecer a que las y los participantes incrementasen el grado de consciencia sobre las desigualdades y de los privilegios, compartiendo sus visiones en un mismo espacio. Y la organización del tercero se nutría de los anteriores, para profundizar y concretar la identificación de privilegios y explorar los posicionamientos de los varones jóvenes respecto a las desigualdades.
Los guiones se diseñaron basándose en una revisión teórica previa, sin embargo, la lógica deductivo-inductiva utilizada y la versatilidad y flexibilidad que permite el paradigma cualitativo permitieron generar adaptaciones orientadas a ofrecer un mayor acercamiento al objeto de estudio. El primer grupo de mujeres con formación feminista evidencia dificultades existentes para percibir ventajas intrínsecas que suelen tener los varones debido al carácter omnipresente, naturalizado y por consiguiente invisible que definen el patriarcado (Ranea, 2021). Y por su forma sutil de operar, sobre todo cuando se trata de patriarcados de consentimiento. Estas dificultades implicaron una clarificación del guion, incorporando ejemplos concretos sobre desigualdades aportados por las mujeres, para que los participantes pudieran reflexionar en términos de ventajas. Asimismo, se utilizó un leguaje con menor carga simbólica y en apariencia más neutro, sustituyendo privilegios masculinos, por ventajas, o beneficios.
El perfil de las personas participantes se estableció a partir de tres variables de segmentación: el género, la edad, personas jóvenes (18-30 años), y la participación en movimientos feministas, sociales, estudiantiles, políticos, etc., como se detalla en la Tabla 2:
Tabla 2. Perfil de las personas participantes
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Grupo |
Código |
Edad |
Formación/ participación social |
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Grupo mujeres jóvenes |
ME1 |
25 |
Máster de género |
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ME2 |
25 |
Experta en género |
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ME3 |
25 |
Experta en género |
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ME4 |
24 |
Máster de género |
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ME5 |
24 |
Militante feminismo |
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ME6 |
27 |
Militante feminismo |
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Grupo de mujeres y hombres |
ME7 |
25 |
Militante feminismo |
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ME8 |
27 |
Militante feminismo |
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ME9 |
19 |
Militante feminismo |
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HE1 |
24 |
Militante de movimiento juvenil |
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HE2 |
19 |
Militante de movimiento juvenil |
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HE3 |
24 |
Militante en partido político |
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Grupo hombres jóvenes |
HE4 |
23 |
Militante de movimiento juvenil |
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HE5 |
24 |
Militante de movimiento juvenil |
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HE6 |
25 |
Militante de movimiento juvenil |
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HE7 |
24 |
Militante de movimiento juvenil |
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HE8 |
24 |
Militante en partido político |
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HE9 |
19 |
Militante de movimiento juvenil |
Fuente: elaboración propia.
En la sistematización de la información recogida se aplicó la técnica de análisis de contenido, a través metodológica inductivo-deductiva. La información recogida, en formato de audio, se codificó a través de diferentes categorías, subcategorías y valores de subcategoría, resultado de la revisión bibliográfica previa. Presentadas en la siguiente tabla.
Tabla 3. Sistema categorial
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Categoría |
Subcategoría |
Valores de subcategoría |
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Influencia del patriarcado |
1. Identificación del poder masculino 2. Percepción de desigualdades 3. Respuestas ambivalentes |
1.1. Formas 2.1. Niveles 2.2. Dificultades |
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Posicionamiento de los hombres respecto a la desigualdad social |
1. Hombres qué responden a la masculinidad hegemónica y quieren mantener el patriarcado 2. Hombres que responden a masculinidades emergentes |
2.1. Hombres centrados en su crecimiento personal 2.2. Hombres a remolque 2.3. Masculinidades camaleónicas 2.4. Masculinidades engañosas 2.5. Masculinidad paternalista 2.6. Masculinidades victimistas 2.7. Masculinidades reactivas |
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Identificación de privilegio |
1. Dificultades identificación de privilegios 2. Tipos de privilegio Actitud reactiva |
2.1. Familiar 2.2. Sexualidad 2.3. Laboral 2.4. Social 2.5. Trascendentes |
Fuente: elaboración propia.
Este sistema categorial se ha utilizado para segmentar y codificar las transcripciones de los grupos (previamente grabados), a través del programa informático Atlas.ti.24.
Las personas jóvenes que han participado en los grupos conformados para este trabajo de investigación comparten una auto-definición en torno a valores socialmente igualitarios, ya sea directamente vinculados al feminismo o a otros movimientos ideológicos progresistas. Este es un atributo a partir del cual construyen su identidad social, y, que, por tanto, condiciona la concepción que tienen sobre el poder y su capacidad para identificarlo.
Desde este perfil simpatizante, tanto ellos como ellas reconocen en un primer momento la permanencia de unas normas sociales patriarcales que condicionan las vidas cotidianas de las personas. Y que, por ello, los hombres disfrutan de las ventajas que les otorga el sistema patriarcal y las mujeres quienes sufren las consecuencias de estas desigualdades.
«Que el sistema nos cría o nos educa… todo lo que recibimos está condicionado a unos roles a una, a una clasificación de poderes, a un no sé… En los que los hombres pues son somos privilegiados y salimos favorecidos… en yo diría, todos los aspectos de del día a día o de la vida.» (HE2)
La vinculación del poder a la socialización masculina (Ranea, 2021) explica que la mayoría de los varones, y también algunas mujeres, participantes identifican con claridad diferentes experiencias en las que los hombres ejercen el poder sobre las mujeres. Algunas formas que señalan son: intimidando, ejerciendo autoridad, ocupando puestos de poder o responsabilidad, tomando la palabra y a través de la ocupación de los espacios.
no necesito gran cosa para mantener al grupo a raya cómo se dice ¿no? y… y sí que igual, pues cuando entra una chica en mí misma clase pues que le cuesta más también ¿no? como que nos es más fácil. (HE5)
Sin embargo, a pesar de la aceptación general de la persistencia de desigualdades, rasgo coherente con su identidad simpatizante con valores igualitarios, los hombres mostraron mayores dificultades para concretar las desigualdades de género en experiencias concretas y cercanas. En los grupos de discusión cuando se atiende a la percepción de desigualdades, los hombres comentan menos ejemplos, que además son más explícitos, y lo hacen a partir de vivencias de mujeres del entorno cercano, sobre todo hablan de lo que observan en sus madres, hermanas, amigas y parejas, pero no en primera persona.
[…]estuve hablando con mi madre una vez de… y, por ejemplo, las libertades que se me han dado a mí y las que se le han dado a mi hermana, no son las mismas. […] (HE5)
«(refiriéndose a su pareja) se cohíbe o tiene inseguridades a la hora de… de poder llevar lo que quiere o lo que…y es un poco lo que ha dicho antes HE6 ¿no? […]. Yo salgo a la calle y punto, sabes en plan y confronto esa, esa norma de tener que ir arreglado, de tener que ir de x manera.» (HE7)
Cabe señalar, no obstante, durante el desarrollo de los grupos favorece al avance en los discursos. Ellos se sienten más cómodos y con confianza, son capaces de diferenciar dos niveles de desigualdades: unas más visibles y otras menos explícitas, más sutiles. Una forma en la que se reconocen los patriarcados de coerción es al señalar la violencia de género como una desigualdad más clara y los patriarcados de consentimiento cuando hablan de ocupar los espacios de palabra como una forma de generar desigualdad. Y reconocen, al mismo tiempo, que el ejercicio de poder de los hombres se traduce directamente en desigualdades que sufren ellas.
«Pero, casos como… no sé, que, que los hombres, por ejemplo, lleven en… en una conversación, en una, en una reunión, la voz cantante todo el rato. Pues eso sí que es…es menos visible que…que en este caso la violencia» (HE1)
En cuanto a las mujeres, se ha observado que la posición social de desventaja y la socialización femenina en el despoder (Ranea 2021) condiciona la forma en la que estas interpretan las relaciones de poder entre ambos sexos y también su percepción respecto a las desigualdades. Las mujeres profundizan e identifican de forma más clara las desigualdades, apuntando a ejemplos cotidianos como la utilización del lenguaje, bromas, o el papel que ocupan en los grupos de iguales.
«Yo veo mucho las bromas, o sea llevarlo la broma en plan es una broma… […]» (ME3).
«cuando muchas veces nosotras hacemos como de psicólogas de nuestros amigos los hombres, y parece que es algo que tenemos que hacer porque somos buenas amigas, pero luego nosotras no recibimos como esos cuidados tampoco. […] «(ME8)
Aunque se ha visto que las y los participantes son capaces de identificar y profundizar sobre situaciones de desigualdad, ambos coinciden en que hacerlo es complicado. Las mujeres comentan que la desigualdad de género es algo naturalizado e interiorizado en nuestras sociedades y por tanto identificarlas es complicado. Aún más si no las vives en primera persona, como sucede con los hombres, o si no hay un trabajo previo de formación o sensibilización.
«[…]Ni podrá él mismo si no le digo, el mismo no sería capaz. Yo creo que no sería capaz de darse cuenta si no le das un ejemplo… volver sola a la casa… y decir, hostia, pues igual sí» (ME2)
Los varones participantes muestran estas dificultades de identificación a través de los silencios, los pocos ejemplos que ofrecen de desigualdades, en comparación con las mujeres, y a través de las dudas que comparten ante algunas preguntas planteadas.
«[…] para empezar, quiero ver... ¿Qué decís sobre cómo creéis que el sistema afecta de forma diferente a hombres y a mujeres, o en qué sitios lo veis o en qué cosas? (Moderadora)
¿Puedes contextualizar un poco más la pregunta por favor?» (HE6)
También comentan que la naturalización y la comodidad de los hombres respecto a su posición privilegiada es una limitación. Aunque, es su caso también puede ser ya que al autoconsiderarse parte del grupo de los «buenos» pueden interpretar que no necesitan cambiar nada (Flood, 2020) o que ya han hecho el cambio que deberían.
«[…]A mí muchas veces también… igual hago una cosa y no soy consciente que cuando lo estoy haciendo ¿no? estoy tratando de diferente manera a un chico o una chica. Sí, para la siguiente…» (HE5)
«[…] cuando organizamos los equipos nos organizamos entre nosotros y nunca se le tenía en cuenta y el otro día dijo: oye, tal… a mí me gustaría… […]» HE6)
Estas dificultades son percibidas en mayor medida cuando se refieren de la población masculina en general, y de las generaciones futuras, las cuales creen que son menos conscientes o perciben en menor medida la desigualdad social, lo que concuerda con datos de estudios consultados para esta investigación, que presentan un panorama preocupante.
«Las generaciones de jóvenes que hay hoy en día yo creo que tienen mucha menos consciencia de la que teníamos… tenemos nosotros con esa edad… me parece. Igual estoy confundida, pero…» (ME5)
Aunque en todos los grupos se reconocen las dificultades en la identificación de desigualdades y por lo tanto se evidencia la importancia de atender a «aquellos comportamientos masculinos «normales» que son los privilegios cotidianos en los que brotan los micromachismos: las armas y tretas que usan los varones, de forma no siempre consciente e intencionada» (Lozoya, 2016, p. 1). También se observa cierta ambivalencia en las respuestas cuando las y los participantes también coinciden en que la identificación o toma de consciencia no es algo difícil, y que es un trabajo que ellos ya han hecho.
«[…]las personas que estamos aquí tenemos un nivel de conciencia mínimo y más o menos sabemos identificar ese tipo de situaciones sobre ese tipo de privilegios. […]» (ME9)
«No, no, no…yo creo que somos muy conscientes de esas ventajas por… Por el hecho de que sabes que no tenemos esa preocupación.» (HE4)
Más allá de que hombres y mujeres sean capaces de identificar desigualdades de género en diferentes niveles de concreción. Ambos muestran más capacidad para sentirse interpelados por la etiqueta «desigualdades» que la de «privilegios», un término que resulta más ajeno y despierta más rechazo. Las personas participantes destacan la naturalización y omnipresencia del patriarcado como aspectos que dificultan el reconocimiento de privilegios para los hombres.
«[…]o sea, ellos, yo creo que están tan cómodos en esa tesitura, o sea, no sé… Si, bueno, luego hablaremos, supongo, de su conciencia… de esos privilegios, pero… Yo creo que ellos están tan cómodos en esa situación que ni se lo plantean muchas veces […]» (ME6)
Especialmente entre los hombres, el reconocimiento de privilegio ha estado marcado por silencios largos, respuestas indirectas y ejemplos escasos o poco precisos, en comparación con la facilidad con la que se identifican desigualdades sufridas por las mujeres. Para superar estas dificultades se llevó a cabo una reformulación de las preguntas, se emplearon conceptos con menor carga simbólica, como ventaja o beneficio, y se preguntó acerca de ventajas masculinas, aludiendo a ejemplos concretos de desigualdades que aportan las mujeres participantes. Estos ajustes metodológicos han permitido observar cómo los hombres son capaces de reconocerse en diferentes situaciones personales y cotidianas donde gozan de privilegios, y sobre todo en la comparación con las mujeres de su entorno.
«No no… pero yo sí… o sea yo, yo sí… Yo sí digo que claro, me cuesta. Quizás no para los casos que se habla generalmente de si tocar no tocar. Es más, me falta sí, actitudes en las casas que no acabo de entender bien. Ahí sí que me cuesta identificarlas. Sobre todo, eso, actitudes, cosas que son más…» (HE6)
Sin embargo, una vez superadas estas barreras los hombres son capaces de reconocer ventajas en diferentes ámbitos de la vida: social, laboral, familiar, sexual y educativo. Aunque con una mayor facilidad al identificar la ventaja ajena que la propia, ya que predomina el uso de la tercera persona respecto a la primera.
En cuanto a los ámbitos de identificación y percepción de ventajas, el primero en desarrollar es el familiar. En este ámbito las ventajas percibidas se asocian principalmente a terceras personas perteneciente a generaciones previas, como son los padres. Las ventajas se relacionan con la desigual división del trabajo doméstico y de cuidados, lo que se traducen en una mayor disponibilidad de tiempo libre y en su mayor reconocimiento social por aquellas tareas que desempeñan. Y en la relación con las hijas e hijos, donde los padres destacan de una menor carga emocional y nivel de preocupación.
«[…]no responsabilizarte de… de afectivamente, de tu hija, de tu hijo. No sé, como ese marrón no a veces puede suponer el… el sentarte con alguien a escuchar a ayudar a entender…» (HE3).
Únicamente uno de ellos hace referencia a una ventaja propia, respecto a su hermana en el contexto de salir de fiesta.
las libertades que he me han dado a mí, es que no lo he tenido ni que pedir ni nunca han dudado de… de darme ninguna libertad para hacer, […] Y yo, por ejemplo, eso a la hora en mi familia lo he vivido […]. (HE5)
Otro ámbito es el sexual, en este las ventajas identificadas han sido menos frecuentes que en el resto, esto puede ser consecuencia de la construcción patriarcal de la sexualidad que la relega al ámbito privado y limita su tratamiento público (Millet, 1995). Las ventajas que se identifican son en relación con una mayor legitimidad social para decidir, actuar y vivir la sexualidad en base a lo que desean los varones. Resulta especialmente interesante que algunos de los participantes llegan a identificar dinámicas de privilegio en sus propias prácticas sexuales. Aunque este reconocimiento va acompañado de una justificación basada en la inconsciencia y naturalización, que demuestra la normalización de la posición de poder de la que gozan los hombres.
«[…]Cómo limitas una relación sexual… a… a lo tuyo sin…sin ser consciente en ese momento, ¿sabes? Pero…pero… o sea, me parece muy, muy heavy y pensar que yo también he... he reproducido eso y lo y lo he vivido yo, o sea, me, me… sí. (HE2)
En el ámbito empleo, las luchas feministas contra la división sexual del trabajo y la incorporación de las mujeres al empleo puede favorecer a que sea un ámbito donde la identificación sea más sencilla, abundante y se pueda identificar en la población masculina en general y en la experiencia personal. Concretamente se identifican ventajas relacionadas con una mayor presencia de hombres en empleos con mejores condiciones y con mayor responsabilidad. Otras que se expresan a través de un mayor reconocimiento del trabajo realizado, mayores posibilidades de promoción y ascenso. Y finalmente, señalan que ventajas condicionan favorablemente su posición social y sus relaciones.
«Sí, claro, en ese caso, pues me dieron a mí esa oportunidad de trabajo de meter más horas en… en otro contexto, simplemente por…por ser hombre… alto. (HE4)
En cuarto lugar, en el ámbito social que engloba diferentes espacios como el deporte, el ocio y la apariencia física se recogen un gran número de ejemplos, aunque principalmente referidos a otros hombres. Se reconocen ventajas en cuestiones deportivas expresadas a través de la observación de una mayor presencia masculina y mejores estructuras y condiciones para la práctica deportiva. También en espacios de ocio, donde los hombres destacan la libertad y la seguridad con la que transitan el espacio público, y el reconocimiento social, prestigio o estatus de que gozan y que implica un menor estigma y critica a su comportamiento social, y a cuestiones mas concretas como el aspecto físico.
a la hora de…del estatus ¿no? Pero en tu círculo de amigos también te da un estatus mayor... Pasas, no pasas tan desapercibido, suele ser más lanzado, más protagonista. Nos da mucho protagonismo. Yo creo, en el círculo de amigos, también los que mayor protagonismo cogen son los hombres. Realmente lo creo. (HE5)
Finalmente, los hombres distinguen espontáneamente entre dos niveles de privilegio: pequeños y trascendentes. Estos últimos se vinculan con el concepto de dominio consentido (Lozoya, 2016), un tipo de privilegio que deriva de la posición y el valor social de los hombres en la sociedad. Y también, con cuestiones materiales, que van a impactar en el momento inmediato, pero también a más largo plazo
Yo de los ejemplos que hemos puesto sí que hago una distinción de quizás unos entre comillas, pequeños privilegios ¿no? […] Cosas más, no sé, más importantes o trascendentales de… de eso a la hora de cogerse la baja por los hijos y tal de que se le coja la mujer, o sea. Ya no… de privilegios, sino ya cuestiones más más importantes de claro, pues quien se coge la…la baja, quien…. quien cotiza menos, quien o sea quien ve sus condiciones materiales…De alguna manera, ¿no? Reducidos o mermadas […] (HE6)
Este ejemplo remite al desigual reparto de los cuidados. Como la paternidad no supone un coste en términos de empleabilidad ni poder económico, como la maternidad supone a las mujeres.
Los discursos permiten observar que las personas jóvenes sensibilizadas con la igualdad, sobre todo los hombres, pese a tener dificultades en la identificación de privilegio y no tanto en la percepción de desigualdades, reconocen la existencia de un sistema social desigual entre hombres y mujeres. Las respuestas de las mujeres y los hombres participantes, en relación con esta cuestión, han sido clasificadas en los modelos que García y de la Cruz (2022) denominan masculinidades emergentes. Ellos, y también lo observan en otros hombres, reconocen tener un discurso que apoya el feminismo, sin embargo, no saben cómo cambiar o responsabilizan a las mujeres de los cambios. De esta forma, siguen reproduciendo patrones de la masculinidad hegemónica, aspecto que hace que los esfuerzos y procesos por la igualdad de los hombres estén llenos de ambivalencias, contradicciones y preocupaciones.
«Yo me considero una persona bastante crítica y muchas veces me cuesta... Pero obviamente cuando me lo dices sí que soy consciente y sí que entiendo ese problema, pero no soy capaz de ponerme a eso» (HE6)
Y yo creo que darte cuenta también de esos fallos es importante, pero…pero siguen existiendo. Yo creo que sigo teniendo, aunque no me dé cuenta. Yo eh…A veces me doy cuenta también, pero que sigo tiendo, a veces, actitudes machistas en mi vida (HE1)
En las respuestas de los varones de los grupos hay referencias a las denominadas «masculinidades a remolque» (García y de la Cruz, 2022), los participantes comentan esfuerzos y compromisos que ellos hacen o tienen respecto a la igualdad, pero también comentan esa necesidad de refuerzo, reconocimiento, y en algunos casos ayuda de las mujeres para hacerlos.
«[…]de nosotros…de recibir como ese tipo de ayuda o ese tipo de…de reflexiones, por parte de las mujeres. Y no nosotros como hombres, realizar ese camino también. O sea, otra vez vamos a los cuidados… Oye, os damos, os damos reflexiones, os damos un poco de feedback feminista y vosotros os apañáis y, pero mira, nosotras os damos, os damos, os damos y os cuidamos.» (HE1)
«Pero luego… Eres capaz de cuando te lo dicen verlo ¿no?» (HE5)
Otros participantes comentan conocer a hombres o ellos mismos identificarse respondiendo a «masculinidades engañosas» (García y de la Cruz, 2022). En este modelo se encuentran hombres que, aunque conocen el feminismo y se posicionan a favor, no actúan respecto, ni hacen ninguna reflexión profunda sobre la situación de subordinación de las mujeres ni la privilegiada de los hombres.
«Pues sí, alguna vez que se escucha, *****, alguien me ha tocado el culo y cosas así. Eso que lo escucho muchas veces… pero no sé cómo que igual… Sí le quitas peso igual a veces, no sé, porque igual sí que en el momento dices oye, ¿quién ha sido? intentas ver algo… ves que nadie reacciona… todo tal y como que pasas… Yo paso, pero entiendo yo, que mi amiga pues ya está rayada para toda la… noche y que igual…» (HE5)
Otra característica que se ubica dentro de las posiciones ambivalentes es la actitud «camaleónica» (García y de la Cruz, 2022), identificada de forma clara por algunas mujeres participantes. Estas comentan conocer a hombres que conocen el feminismo y participan activamente en cuestiones feministas y en otros contextos tiene actuaciones machistas.
«Sí, sí, a ver, yo he visto muchos tíos, que, seguro que todas estamos de acuerdo, que van a la típica mani, pero luego el finde siguiente va y te toca el culo porque es tu amigo y no pasa nada […]» (ME6)
También se encuentra referencias a hombres que adoptan una actitud victimista, estos podrían ser los impulsores de hashtag, y comentados como el #notallmen. Según Bonino (1999), estos serían aquellos que desde una posición favorable al feminismo se sienten incomprendidos y desconcertados respecto al cambio de las mujeres.
«[…] Al final, o sea, él intenta verlo ¿no?, pero lo vuelve a hacer, siempre lo vuelve a hacer. Entonces muchas veces es como… No, es que siempre igual, que le parece bien, pero se siente machacado encima el pobrecito él ¿sabes?» (ME6)
Las resistencias a los avances del feminismo descritas en el apartado teórico se manifestaron en el grupo de los hombres de forma amplia y clara, pero sólo cuando se apagó la grabadora, elemento que denota la fuerte carga simbólica de estos discursos y, de manera amplia, este objeto de estudio. Cabe señalar que los discursos abiertamente reactivos sólo emergieron en el grupo con participantes únicamente masculinos, confirmando la relevancia de crear grupos homogéneos para crear la sensación de espacios donde hablar abiertamente y de forma segura. Si bien estos discursos surgieron una vez que se apagaron las grabadoras y, por tanto, no es posible aportar verbatims completos, sí se considera importante mencionar los elementos discursivos que surgieron en ese momento.
Surge una categoría emergente que tiene que ver con cierta actitud reactiva de los varones, cuando comentan que las mujeres ahora gozan de unos privilegios que a ellos les pueden perjudicar. Esta percepción se articula sobre la idea de que ello implica que ellos pierdan privilegios. Ponen ejemplos como que las plazas reservadas a mujeres víctimas de violencia de género, puede ser una forma de discriminación hacia ellos. O la desventaja que pueden sufrir en tanto que cuando ocurre una agresión sexual, «ahora se les cree primero a ellas». Concretamente, comentan que son avances que reflejan un cambio social comprometido con la igualdad, que además les pueden llegar a perjudicar.
Estas puntualizaciones son relevantes, teniendo en cuenta que estos varones posicionados favorables al feminismo y con capacidad crítica y activa en relación con la igualdad también reproducen bulos, de discursos difundidos por grupos políticamente con ideológicas extremas que se posicionan contrarios al feminismo. La expansión de estos discursos, así como afirmación con relación a que la igualdad supone una pérdida de privilegios, conecta con cuestiones relacionadas con la adaptación de los patriarcados para seguir manteniendo el orden social desigual. Y también responde a un mecanismo de la masculinidad de recomponerse para mantener su posición jerárquica en la sociedad (Ranea, 2021).
Esta investigación se acerca a la conciencia y percepción sobre los privilegios que el patriarcado concede a los hombres, centrándose en la posición que toman los hombres jóvenes favorables al feminismo y con capacidad crítica respecto a las desigualdades de género. Los discursos reflejan que hablar e identificar privilegios masculinos precisa previamente de un trabajo de identificación y descripción profunda de las desigualdades que sufren las mujeres. Los discursos también generan rechazo debido a la carga simbólica que se les asocia, aunque se auto perciben como feministas. Y el posicionamiento de los varones respecto a la igualdad muestra un compromiso discursivo que, sin embargo, no transforma las relaciones de poder entre hombres y mujeres, y que, en la mayoría de los casos, contribuye al mantenimiento de las desigualdades.
Los resultados obtenidos en este trabajo refuerzan la idea de que el género sigue siendo un eje que hace que las sociedades actuales sean profundamente desiguales. Aunque el trabajo desarrollado por el feminismo durante décadas ha contribuido al rechazo de aspectos explícitos, el género sigue presente en actitudes y sobre todo comportamientos concretos y ambivalentes.
También se han percibido cambios, tanto en las mujeres como los hombres jóvenes, respecto a sus conciencias sobre las desigualdades que sufren las mujeres en su día a día. Aunque su naturalización, la socialización diferenciada y el carácter patriarcal del sistema de organización social sigan siendo aspectos que dificultan dicho reconocimiento. Del mismo modo, se observa cómo la experiencia en primera persona y los efectos de vivir las desigualdades son claves para señalarlas de forma más concreta y amplia.
No obstante, al hablar de privilegios, las dificultades aumentan. Las personas participantes, y sobre todo los hombres, han mostrado que identificar y señalar estos privilegios no es tarea fácil. Esto demuestra una limitada profundización en la crítica sobre la posición social de los varones, incluso en personas con participación activa en militancia y discursivamente con un compromiso con la igualdad.
Una forma de superar estas limitaciones ha sido a través del uso de términos como ventaja o beneficio, de ejemplos concretos de desigualdades y la creación de espacios o grupos seguros, son capaces de reconocer y reconocerse en situaciones de privilegio. No obstante, los ejemplos son menos frecuentes y se observan más silencios. Por tanto, para seguir avanzando en la implicación de los varones en materia de igualdad de género, es necesario superar las limitaciones presentadas. Futuras investigaciones podrían emplear técnicas de investigación que generen mayor intimidad discursiva y favorezcan la expresión de experiencias personales más profundas. Así como trabajar con ejemplos concretos de desigualdad que se puedan traducir en privilegio y faciliten el paso de los explícito a lo sutil.
La necesidad urgente de movilizar a los hombres respecto a las desigualdades lleva a señalar la existencia de personas más sensibles y con posicionamientos favorables a la igualdad, que comienzan a cuestionar la posición de los varones en la sociedad. El discurso de los varones participantes no responde a una masculinidad hegemónica, interesada en seguir manteniendo el orden patriarcal que los beneficia, sino todo lo contrario. Su discurso se acerca a modelos de masculinidad emergentes y posiciones favorables y comprometidas con la igualdad, pero también presentan ambigüedades que pueden favorecer el mantenimiento de valores patriarcales. Sin embargo, resulta preocupante la reactividad ante los avances en materia de igualdad que aparece en el grupo de varones. Ya que se observa como la reacción antifeminista está contribuyendo que ciertos avances, como mejoras en la atención a víctimas de violencia de género sean vistas desventajas para los hombres, y no aspectos necesarios para construir sociedades igualitarias. Por ello, es necesario que futuras investigaciones sigan avanzando en conocer cómo funcionan estas resistencias masculinas.
Por último, y en relación con lo comentado previamente, el análisis realizado demuestra cómo el trabajo que los hombres vienen haciendo en favor de la igualdad no es suficiente, ni modifica la posición de desventaja estructural que ocupan las mujeres. Este discurso necesita ser acompañado por acciones concretas en el día a día, y por una acción organizada, colectiva, con incidencia política y social… que impacte en las estructuras que sostienen la sociedad.
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